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Sé que me desaparecí totalmente total y que la mayoría de ustedes, para el bien o para el mal menor, no pueden vivir SIN MÍ y me extrañaron HORRORES. Y a pesar que no me gusta rendir cuentas, saben que Yo los adoro enormemente y por ello no quería dejar de contarles qué fue lo que sucedió y qué es lo que va a suceder de aquí en adelante.
Al principio me disipé porque estuve todísimo el verano -desde el 1 de Enero- paseando (brutalmente) por el Mediterráneo. Hice Córcega, Cerdeña, Sicilia, Malta, Atenas y Creta. Muriéndome con el sol en la Gulliver, y comiendo como un cochino. Lejos de hacer un recuento turístico, no quiero dejar de recomendarles pasar por la Ciudad de San Nicolás en la Isla de Creta, un lugar fantástico-muerte-chic que hiela la sangre con los más ricos licores. 45 días de reparo adriático, hice luego un stop en Bari y terminé en Roma, porque después de dormir en lugares de segunda (y hasta tercera categoría, qué descortés de mis padres, por Dios!), necesitaba unos días en el Villa Torlonia para recuperarme. Me echaron del hotel porque había pintado con UN MARCADOR NARANJA TODAS LAS PAREDES, y me hicieron pagar una fortuna por el arreglo. Desolado total y desintegrándome la cabeza porque no conseguía un psiquiatra que me hablara en alguna lengua que entendiera y pudiera medicarme. Terminé encontrando un psiquiatra local Paolo Pancheri Di Crebelli a quien le debo la medicación de los últimos días de mis vacaciones porque estaba SOLO y trepándome literalmente por las paredes de los hoteles.
En un rapto de locura-amor mi padre me quiso mandar a buscar, pero junté coraje y le dije que estaba BIEN, pero Yo sabía que había volcado. Me mandó a conectar con la ex-esposa de mi tío Ricardo, el que había estafado a toda la familia, y pasé unos días brutales con ella y su familia italiana. Terminé cargando tres valijas enteras de cosas que nunca voy a usar, y que encima tuve que mandar con una semana de anticipación porque el sobrepeso no sólo era inconveniente para mi bolsillo sino también para mi cuerpo.
Regresé a Buenos Aires el 3 de Marzo, con la piel dorada y con un estado de trastorno Fangio que no podía más. Autobús turismo carretera corriendo por el patio de mi casa como un descarriado. Blás, que es mi médico de toda la vida, me tuvo que ingresar en una clínica paquetérrima en Pilar para recuperarme. Estuve saltando y haciendo gimnasia acuática, cardio conditioning y hablando en italiano como endemoniado, y finalmente hice el check out el lunes 15 de Marzo. Como en un hotel pero pasadísimo de pastillas! Ahora estoy viendo a mi psiquiatra todos los días. En La Semana Santa, que es una fecha híper católica que me encanta, me voy unos días con mis padres al Este, y el lunes 12 de Abril me vuelvo a Italia, pero esta vez a Nursia por tiempo indefinido a vivir en un monasterio benedictino y a pensar proyectos de sustentabilidad para la gente de la comuna que es requete pobre. Eso me parece brutal, no descarto jamás el espíritu ONG que inauguré con este espacio divino hace 5 años.
No quiero que tomen esto como una despedida ni mucho menos. En Nursia no voy a tener computadora ni internet ni ninguna facilidad tecnológica, sino que voy a leer muchísimos libros. Sé que me van a extrañar con los pánicos de la desgracia absoluta, pero entiendan que me agarró el trastorno, y que si bien hasta el momento lo venía manejando con tranquilidad, esta vez me pasó por arriba. Igual prometo regresar en algún momento cuando mis cabales lo ameriten, pero lamentablemente ahora mi psiquiatra ni siquiera me permite usar la computadora (de hecho este texto es una pequeña concesión dadas las circunstancias).
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