CIRCUNSTANCIAL
El viernes por la noche fuimos a conocer la casa de Cecilia en San Isidro. Hubo un tiempo que pasaba por la Catedral todos los días. Todos los días.
Cecilia volvió de Rusia con muchas porquerías.

Rosas a las 12. Tengo dolor de cabeza.
No debería tomar whisky. Mamá dijo que el té verde te mantiene despierto.
El sábado desayuno al mediodía y leo el diario. Siempre lleno de ingenio, escritura inteligente y buenas noticias.

Cuello en la guillotina. Si no hubiera perdido la razón a las tres de la tarde, no estaría listo a las 7.55 pm para ir a comer.
El whisky es un azote a cualquier hora de la noche. Sin embargo no podría confirmarlo en este momento porque estoy al punto del desmayo.
El domingo a las 3 quisiera estar desayunando en el Hyde Park. Pero no. Yo no desayuno.

En la mesa de al lado me pierdo en la conversación de alguien más. No soy curioso. Pero escucho algo sobre Waterloo.
Hay una calle muy angosta a dos cuadras, con algunas casas muy lindas. Sobresale una de estilo georgiano con una entrada de ladrillos colorados.
En el camino hay un convento. Quisiera saber qué hay detrás. Un jardín. Una tragedia. Un destino.

Mi tío Ricardo dice que se casó porque los ojos de ella eran muy expresivos entonces. Ella era muy joven y tenía la belleza inevitable de la juventud. Hace bromas y dice que la suegra no lo dejó tomar champagne antes de bailar el vals.
No prestar atención está considerado como una negligencia y las acusaciones vienen hacia mí. Creo que me van a matar.
Las memorias. Los susurros. Los sueños.
Yo tenía una mamushka que me había traído el gordo cuando se fue a Rusia tantísimos años atrás. En un momento la tenía en el estante de atrás. Ahora creo que debería buscarla entre el caos. Se rumorea que a los rusos no les había caído muy bien la alianza entre Inglaterra y Holanda.
*Labels: Reflexiones Personales
















































